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Ejemplos de movilidad exterior

22 Dic

El día que me encontré con Fran por última vez, a finales de mayo, su sonrisa eclipsaba la iluminación del recién abierto Starbucks del Triangle en Bournemouth (Inglaterra). Lo que motivaba su espléndida y sincera alegría era el giro que acababa de darle la vida. Lo habían contratado para trabajar en la construcción del Centro Hospitalario Universitario de Montreal (Canadá), el que será el segundo hospital más grande del mundo (1.750 millones de euros es su presupuesto).

 Seis meses antes, Fran, murciano, aparejador de profesión (arquitectura técnica lo llaman ahora), había llegado a esta localidad del sur de Inglaterra con la intención de hacer un curso intensivo de inglés para mejorar su currículo y tener mejores oportunidades a la hora de encontrar un nuevo empleo. Durante ese medio año estuvo buscando trabajo de lo suyo sin tener éxito. “Ni si quiera me llamaron para hacer una entrevista”, me contaba en un correo electrónico.

 En España su primera experiencia profesional llegó antes de terminar la carrera por el fuerte empuje de la construcción. Durante cinco años trabajó para la misma empresa y se especializó en la construcción de servicios sanitarios. Sin embargo, el desplome de esta actividad tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria lo dejó en paro. Gracias a los ahorros y la indemnización de su despido pudo vivir y pagarse los cursos de inglés durante seis meses en Bournemouth. Ahora tiene un puesto de trabajo garantizado durante los próximos nueve años.

 Eva, enfermera de Gran Canaria, tiene un contrato indefinido en el Hospital Universitario de Southampton. Tras hacer un curso de Medical English en Bournemouth estuvo de auxiliar de enfermería en una empresa de atención geriátrica (cambiando pañales, aseando y alimentando a los viejitos). A través de su compañera de piso supo de las plazas ofertadas en el hospital que ahora es su centro de trabajo. A pesar de que vivía a 70 kilómetros de allí tuvo que trasladarse a Madrid donde superó entrevista personal y las pruebas de cálculo de medicación. Ahora trabaja en la planta de Medicina Interna con un contrato fijo y un sueldo acorde a su formación. En España echaba días a demanda del Servicio Canario de Salud. Cotizó muchas horas en 2009 y 2010. Notó los recortes en la sanidad pública en 2011 cuando las llamadas empezaron a ser menos frecuentes. En todo 2012 solo trabajó ocho días.

 Los profesionales sanitarios españoles son muy apreciados en Inglaterra y están muy demandados, pero necesitan tener un nivel de inglés acorde a las exigencias del ejercicio de esta profesión. No es por casualidad que las academias de inglés, muy numerosas en Bournemouth, ofrezcan cursos especializados.

 La gran asignatura pendiente

Miriam y Tomás, una pareja de La Laguna, ambos en los treinta y largos, también se han apuntado a una academia. Él reconoce que no sabe nada de inglés, ella quiere mejorar su nivel intermedio alto. Se han venido con el paro que les queda (han tramitado la exportación) y tras haber perdido toda esperanza de encontrar un trabajo en Tenerife. Nos son enfermeros ni médicos. Buscarán trabajos que requieran poca cualificación -como la gran mayoría de españoles que llegan aquí sin dominar la lengua-. Miriam tiene experiencia como recepcionista de hotel, Tomás va a buscar algo como Kitchen porter (freganchín) aunque es consciente de que su desconocimiento de la lengua se lo pone difícil.

 Lo de bajarse del avión y encontrar un trabajo se ha acabado. Por muy poca cualificación que requiera el puesto se exige un nivel de inglés suficiente para entender las órdenes de los jefes y los compañeros de tarea. En Bournemouth una parte de la actividad económica es estacional porque es una ciudad turística. La gran mayoría de los contratos son del tipo 0 (cero) horas, lo que supone que cuando la empresa necesita trabajadores, te llaman y cuando no, te quedas en casa sin cobrar. Algunos consiguen sobrevivir el invierno con lo que han ahorrado en el verano, pero otros se ven obligados, en el caso de no encontrar un trabajo que garantice un mínimo de horas y no querer cambiar de ciudad, a pedir los benefits (el paro).

 Al contrario que en España el sistema británico de prestación por desempleo no exige haber cotizado un mínimo de días y se puede cobrar por un periodo de tiempo ilimitado. Sin embargo hay que presentarse cada quince días en la oficina de empleo (job centre) y demostrar que has estado buscando trabajo de forma activa para que no te quiten la prestación. El mecanismo de control, aunque es mucho más exigente que el español, es fácil de sortear. Estas características dan lugar a la picaresca en algunos casos.

 El Gobierno británico, consciente de la facilidad para acceder a los benefits y aterrado por una posible masiva llegada de rumanos y búlgaros a partir del 1 de enero, está tratando de poner obstáculos a los inmigrantes para acceder a esta prestación. Así el primer ministro, David Cameron, anunciaba que se exigirá a los no ingleses demostrar que se ha vivido en este país al menos tres meses antes de reclamar el subsidio, entre otras medidas. Lo que quiere evitar es el turismo de ayudas sociales (“benefits tourism”) y que los europeos de terceros países vengan a reclamar ayudas en vez de a trabajar. Cameron convierte en norma lo que los datos demuestran que es una excepción, pero esto será tema para otra entrada.

 

Ni tan jóvenes ni tan preparados

Al correo electrónico del West Cliff Inn, un pequeño hotel en Bournemouth, llegan a diario solicitudes de empleo. El 99 por ciento son candidatos españoles. Los años de nacimiento varían entre 1973 y 1991. El nivel máximo de estudios va desde el graduado escolar a la Universidad y posgrado, pasando por módulos de grado superior y medio. Muchos correos llegan con dos currículos adjuntos de amigos o parejas.

 Aday lleva doce años viviendo en Bournemouth. Es el encargado general de unos cuantos restaurantes y pubs que pertenecen al mismo dueño. Conduce un Audi A5 automático. Parece que las cosas no le van mal. Todavía conserva el acento canario pero a veces le cuesta recordar palabras propias de este dialecto. “Antes te venían a pedir trabajo doce personas a la semana, ahora te viene una media de doce personas al día, casi todos españoles”, comenta con un tono de cansancio en su voz.

 La llegada de españoles a Inglaterra y a Bournemouth para encontrar trabajo, eso que la ministra Fátima Bañez llamó movilidad exterior, ha sido tal que la BBC dedicó un reportaje especial a este fenómeno el pasado verano. Algunos vienen por un periodo de tiempo determinado y se vuelven a España. Los hay que no aguantan más de tres meses. Algunos llegaron hacen muchos años y ya han echado raíces aquí. Y también los hay que han vuelto porque han logrado un empleo en España. Es el caso de Javier que llevaba tres años viviendo en Bournemouth y uno trabajando en una empresa inglesa como ingeniero cuando le ofrecieron trasladarse a la sede española en Madrid. O el de Edi, que dejó Bournemouth a la carrera para incorporase el pasado octubre a la plantilla del profesorado de un colegio privado y de enseñanza bilingüe en Madrid.

 Javier y Edi han conseguido el deseo de muchos de los que hoy viven fuera de España, volver a casa con un buen contrato de trabajo en la mano. Fran y Eva van a volver, “pero solo de visita”, aclaran. Son conscientes de que la oportunidad que se les ha presentado es casi imposible que se de en España. La gran mayoría espera paciente, aunque con bastante escepticismo, a que la situación en España mejore.  Están convencidos de que vivir fuera y hablar otro idioma les dará más garantías de encontrar un empleo. 

 

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