El ascensor

31 Jul

-Pase usted, por favor, que hace años que estamos en el siglo veintiuno, ya sabe, igualdad de la mujer y esas cosas -dijo con una fría sonrisa en su boca y las manos cargadas con bolsas del supermercado.

-No es machismo, es cortesía, eso nunca debe faltar, ¿sabe usted? -El hombre de pelo corto y oscuro, que también sonreía falsamente, extendió el brazo indicándole que pasara ella primero.

-Bueno, si yo le contara… -contestó mientas cruzaba el umbral de la puerta-. ¿Llega su cortesía a hacerme el favor de ayudarme con las bolsas?

-Faltaría más. -Cogió cuatro de las ocho bolsas que cargaba la señora y la siguió hasta el ascensor.

-¡Hola! -saludó ella al vecino del décimo que esperaba que llegara el ascensor.

-¡Hola! -dijo el señor cortés como un eco.

-Buenas tardes -respondió el vecino.

Los pasos, el ruido de las bolsas y las buenas tardes dejaron hueco a los cables de tracción del ascensor, el único sonido que pudo apreciarse en los segundos que tardó en llegar al piso cero. Se abrió la puerta.

-Usted primero, señora -dijo el vecino del décimo.

-Vaya, ¿también está usted con eso de la cortesía?

-Bueno, mi padre me ha dado una buena educación y me enseñó que las damas siempre van primero.

-Ya. ¿Le importaría ser un perfecto caballero y marcarme el octavo piso?

-Por supuesto que no me importa. ¿Y usted a qué planta va? -preguntó al señor cortés.

-También me quedo en la ocho, gracias.

La cabina se cerró y comenzó a ascender, se volvió a hacer el silencio.

El ascensor paró en la octava planta.

-Usted primero -dijo el señor cortés.

La mujer se despidió del vecino del décimo con una sonrisa leve pero sincera y pasó delante del señor cortés dando un respingo.

Se acercó hasta la puerta de la que colgaba una gran letra C, fue a coger todas las bolsas en una mano para poder sacar la llave del bolso con la otra cuando oyó la voz del señor cortés que le decía:

-No, por favor, permítame.

Dejó las bolsas en el suelo y sacó unas llaves de su bolsillo, las metió en la puerta de la que colgaba la letra C y abrió.

-Pase, por favor.

-Ya es la quinta vez que me dejas sola con la compra por ir a tomarte una cerveza con tus amigos -dijo cerrándole la puerta en las narices.

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