Archive | noviembre, 2011

Capítulo 13. El innombrable

27 Nov

Para mi amiga Nayra, a la que estoy deseando abrazar.

Viene de la entrada anterior

Las aceitunas negras de la ensalada mediterránea que se había pedido la inspectora Ramírez se agobiaban al ver el enorme rostro triste y de mirada desconcertada que no se decidía a coger el tenedor en la mano. Temiendo el doloroso destino que les esperaba: acabar trituradas entre aquellas mandíbulas que permanecían apretadas e inmóviles, casi no se dieron cuenta de que el peligro llegó desde el otro lado. Sintieron un pinchazo en la espalda y quedaron ensartadas en el tenedor de Javier que, a la vez que le preguntaba a su compañera si le importaba el pequeño hurto, se las llevó a la boca y las engulló sin casi masticarlas, dejándolas medio vivas y conscientes de su trágico final.

-A mi es que los nervios me dan por comer, ¿sabes? –se explicó con la boca llena.

-En cambio yo no puedo probar bocado.

-¿Crees que el juez nos dará la orden de registro? –un trozo de aceituna salió despedido de su boca.

-Sin duda, lo que me molesta es que tarde tanto.

El estómago de la inspectora Ramírez cedió el espacio justo para un café solo al que puso un terrón de azúcar y dejó que su compañero se siguiera atiborrando mientras expresaba en alto sus pensamientos para ponerlos en orden.

Estaba convencida de que debían seguir tirando del hilo de la Clínica Virgen de Covadonga. Cuando consiguieran la orden de registro irían allí, se harían con los archivos de personal y buscarían especialmente si en algún momento tuvieron algún empleado llamado Ángel.

-Otro punto clave es dar con la jefa de enfermería. No podemos esperar a que se incorpore al trabajo, hay que localizarla hoy, ponte con ello.

La inspectora se levantó y sacó la cartera dirigiéndose a la barra. El café solo le salió al precio de dos menús. Miró a Javier antes de salir y le dijo date prisa sin mover los labios.

La orden de registro había llegado hacía dos minutos, según le contaron cuando vio el papel sobre su mesa y preguntó irritada por qué no se le había dado aviso. Instó a dos agentes a que cogieran las llaves de un coche y la siguieran. A la salida del ascensor se tropezó con Javier.

-Nos vamos a la clínica, tú conduces.

Esta vez no hizo falta que el vigilante les dijera a dónde dirigirse, fueron directos a buscar a Amanda, la rubia oxigenada que esta vez estaba concentrada introduciendo datos en el ordenador. Nuevamente la inspectora Ramírez tuvo que llamar dos veces.

-¿Ustedes otra vez?- se levantó con cierta malagana.

-Hola, Amanda. Tenemos una orden de registro, queremos llevarnos los ficheros de todo el personal laboral que haya trabajado en la clínica o esté contratado actualmente.

La administrativa se quedó pensativa un instante mirando la orden que la inspectora la había plantado a una distancia prudencial de su cara.

-La verdad es que no puedo dárselos, salvo que quieran los de hace seis meses.

-¿Cómo que no puedes dárnoslos?- interrumpió Javier.

-Porque se los llevaron los agentes para la investigación de la red de pedofilia.

-También queremos los de la plantilla actual- añadió Cristina.

La inspectora Ramírez puso la caja de archivadores en medio de sus pies en el asiento delantero del coche y empezó a mirar el nombre de todos los contratados. Javier, que conducía, ordenaba a través del manos libres que se solicitaran al juzgado todos los archivos del caso Sonajero.

-No hay ningún Ángel –dijo con tono de fastidio.

-Lo que nos dijo Amanda, que no conocía a ningún Ángel en la plantilla actual.

-¿Has conseguido localizar a la jefa de enfermería?

-Tengo su dirección, si quieres nos pasamos a ver si ya ha llegado de las vacaciones.

Javier soltó un silbido de exclamación al ver el lujoso y céntrico edificio en el que vivía la jefa de enfermería de la Clínica Virgen de Covadonga. Se acercó al telefonillo y buscó el séptimo C, en el que se leía Javier Reyes González y Ariadna Álvarez de Pina.

-¿Qué te apuestas a que su marido es médico? –dijo llamando al timbre.

Para su alivio, la voz de mujer que respondió resultó ser la de Ariadna. Tuvieron que mostrar sus placas a la cámara del portero automático y prometerle que no le robarían mucho tiempo. Al parecer la jefa de enfermería acababa de llegar de viaje con su marido y estaban a punto de ir a buscar a sus hijos a los que habían dejado en casa de sus suegros.

-Muchas gracias por atendernos. Se trata de algo realmente importante.

La inspectora Ramírez se sentó en el sofá de piel blanca que quedaba frente a uno gemelo que había escogido la jefa de enfermería, Javier se sentó en una butaca de piel negra en medio de las dos mujeres. Ambos rechazaron la bebida que les ofreció la anfitriona.

-Supongo que como ha estado fuera no estará muy al tanto de las noticias, así que le resumiré las que conciernen al motivo por el que estamos aquí. Han asesinado a dos chicas de forma brutal, las pistas que tenemos nos han llevado hasta la clínica en la que usted trabaja. Sabemos que el asesino se llama Ángel y creemos que puede ser algún antiguo empleado. ¿Recuerda a algún trabajador de la clínica que se llamara así?

La jefa de enfermería deseó en alto que aquellos asesinatos no tuvieran nada que ver con la clínica.

-Hemos perdido muchos clientes después del escándalo con los dueños, ¿saben? Estamos intentando volver a levantar el negocio pero…esto sería el golpe mortal.

-Estamos al tanto de lo ocurrido y lo comprendemos, por eso queremos estar seguros de los pasos que estamos dando. ¿Había algún Ángel en la plantilla?

Ariadna bajó la mirada como si en el suelo fueran a aparecer las caras de los compañeros que trabajaron con ella hasta que la clínica cambió de nombre. Mantuvo silencio durante unos segundos que a la inspectora Ramírez se le hicieron eternos y finalmente dijo:

-Ángel López Rajoy, era el único, que yo recuerde. Se encargaba de limpiar los quirófanos, la verdad es que era un tipo raro, siempre callado y solitario, alguna vez le pillé manseando los utensilios quirúrgicos, se le cada cara de fascinación, daba escalofríos, la verdad.

La inspectora Ramírez sacó el retrato robot del sospechoso y le preguntó si era el mismo Ángel.

La jefa de enfermeras miró el dibujo.

-No estoy segura, no estuvo mucho tiempo trabajando con nosotros y las conversaciones apenas pasaban de las buenas horas y el tiempo, pero creo que sí, es posible que sea él.

Continuará…