Capítulo 5. Humedades.

19 Jun

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-¿No crees que ya es hora de que te vayas a descansar, Cristina?

La inspectora Ramírez miró la hora en el ordenador, las 23.07, y sintió sus párpados convertirse en plomo.

-Sí, debería irme porque seguir repasando lo poco que tenemos de este caso no va a resolver nada, ¿verdad?

-Tranquila, mañana llegarán por fin los resultados del informe forense, seguro que aportan algo nuevo. Ahora vete a casa, anda.

La inspectora apagó el ordenador y recogió la mesa. Metió el móvil en el bolso y sacó las llaves del coche aunque todavía tenía que bajar cinco plantas hasta llegar al garaje de la comisaría.

-Si ocurre cualquier cosa, estoy localizable en el móvil, Javier, da igual la hora.

-Entendido, Cristina. Nos vemos mañana, que descanses.

En el trayecto a casa repasó todos los detalles que se conocían del caso, volvió a ver en su mente la escena del crimen, el rostro del asesino según el retrato robot realizado por la policía científica y los ojos perdidos de Natalia, su vientre abierto, las uñas arrancadas.

Habían pasado cinco días desde que la asesinaran y todavía no había preguntado nadie por ella. Tampoco se había podido localizar a algún familiar o amigo. Salvo para el asesino y la policía, Natalia no significaba nada para nadie.

Nada más meter las llaves en la cerradura sintió las patas de Peluso arañando el otro lado de la puerta. Abrió despacio y miró divertida al yorkshire que movía la cola como un loco feliz de su llegada. Lo cogió en brazos y lo acarició.

-Parece que alguien más te ha echado de menos.

-¿Elena, qué haces aún levantada? ¡Mañana tienes que madrugar!

-Perdona que haga estas locuras cariño, es que hace cinco días que sólo te veo dormida cuando me marcho a trabajar- contestó algo irritada.

Cristina se relajó un poco y agradeció el detalle. – Estoy con un caso muy importante que me está llevando muchas horas-, se excusó.

-No hace falta que lo jures, te preparo algo de cena y me lo cuentas, ¿vale?

-La verdad es que no me apetece nada hablar de ello, ¿puedes hacer que me olvide de él hasta mañana, por favor?

Sentada en la mesa mientras Elena le preparaba un sándwich se quedó mirándola y se sintió agradecida por el pequeño sacrificio que había hecho, por poder pasar un rato con alguien con quien de verdad le apetecía estar, y que tenía un poder especial para hacerle olvidar las cosas que le preocupaban.

Elena estaba descalza y sólo vestía una camiseta de Lisboa comprada en las últimas vacaciones que también habían sido las primeras desde que formalizaran su relación. Ya habían pasado tres años desde que Cristina se sintiera por primera vez atraída no por una mujer, sino por Elena, como a ella le gustaba especificar.

-¿Qué estás pensando, que estás tan calladita?- Interrogó Elena.

-En el día que nos conocimos.

Elena se giró y la miró entre sorprendida y extrañada. -¿Del día del accidente en la M-30?

-Sí, de tu sonrisa cuando me atendiste en el hospital, de mi imposibilidad de dejar de mirarte y de la sensación tan rara que me producía. Te deseaba, aunque esto no pude interpretarlo hasta más tarde.

-Y vaya si te costó darte cuenta, nena. ¿Quieres mayonesa o prefieres un chorrito de aceite de oliva?

Cristina se acercó a ella por la espalda, abrazó su cintura y se acercó a su oído.

–Quiero un chorrito de… -le dijo mientras desplazaba su mano hasta el pecho y lo apretaba suavemente-. Y quiero otro chorrito de… -bajó la otra hasta su vagina. Besó su nuca, le lamió detrás de la oreja.

Elena se estremeció  y soltó un pequeño gemido. Trató de girarse para besar a Cristina pero ésta no le dejó y le mordió en el hombro con la fuerza justa para no hacerle daño. Se quitó la blusa y el sujetador y después hizo lo mismo con Elena, acariciándole la espalda con sus pezones erectos y apretándose contra ella. Masajeó sus pechos y le llenó la espalda de besos.

Notaba su corazón bombear con más fuerza y el deseo quemándole el vientre. La piel de Elena ardía y estaba absolutamente erizada. Se puso en cuclillas y le mordisqueó las nalgas que empezó a llenar de lametones a medida que iba bajándole las bragas. Desde ahí atrás notaba el olor de su sexo. Metió la mano entre sus nalgas y profundizó la expedición separando sus labios inferiores, hinchados y húmedos.

Le dijo que se diera la vuelta para seguir besándola en el monte de Venus, en los muslos, en el abdomen, subió hasta sus pechos y le chupó los pezones mientras le estimulaba el clítoris con su mano derecha. Elena permanecía casi quieta, recibiendo todo el placer, Cristina no le dejaba tomar la iniciativa, le inmovilizaba las manos si intentaba responder a sus caricias, se apartaba cuando quería lamerle los pezones o el cuello. –Déjate hacer- le decía Cristina.

La subió sobre el poyo de la cocina, se sentó en una silla que acercó y le abrió las piernas para empezar a besarle el interior de los muslos. Sin prisa pero apasionada se fue introduciendo en aquella gruta que conocía a la perfección. Llegó hasta el final de la cueva recorriendo todo el espacio con sus labios y lengua. A ratos despacio, a ratos un poco más rápido, ahora con besos, después con pequeños mordiscos y siempre con lametones, no dejó un rincón de aquel sabroso manjar que tanto le gustaba comer.

Notaba la humedad de Elena bajarle por la garganta, la sentía en su barbilla, en su nariz, en sus dedos, cada vez más abundante, cada vez más caliente. Sabía que se acercaba el momento final en el que Elena experimentaba aquella placentera corriente que le recorría todo el cuerpo desde la punta de los pies hasta los pechos y buscó su botón mágico para provocar esa electricidad que llegó acompañada de sudor y gemidos.

El teléfono sonaba sobre la mesa de noche. Palpó el otro lado de la cama, ya Elena se había marchado a trabajar. Estiró el brazo y miró la pantalla iluminada, era Javier, su compañero de trabajo.

 

-¿Qué hora es, Javier?- se sentía agotada.

-Son las siete y media. Te llamo porque hemos recibido una llamada de la Policía Local. Ha aparecido otra chica muerta.

Continuará

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Una respuesta to “Capítulo 5. Humedades.”

  1. Nayrobi 19 junio, 2011 a 22:14 #

    No deja usted de sorprenderme! Aborda otro “palo”, y difícil, y lo hace igual de bien 😉 Y ese final que te deja tan intrigada… me alegra su regreso!

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