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Capítulo 4 y 1/2. II

25 May

Conducía bajo la lluvia sin ningún destino, sólo había cogido el coche para dar una vuelta y despejarse las ideas, para dejar de pensar en por qué su ópera prima no había captado más que media columna en los periódicos casi cinco días después, sin foto y con una información imprecisa, desacertada, una noticia rellenahuecos.

Conectó la radio. Una voz femenina comentaba las lágrimas del alcalde ante la negativa una vez más del comité para que la ciudad fuese sede de los Juegos Olímpicos, que había sido la imagen de apertura de todos los informativos y sin duda estaría al día siguiente en la portada de todos los diarios.

Frenó ante el semáforo en rojo y observó a la gente desdibujada por el aguacero, cruzar corriendo el paso de peatón escondidos debajo de paraguas, bolsos y periódicos.

Siguió sin rumbo alejándose de las calles principales, no reconocía el barrio por el que transitaba. Las aceras estaban vacías, las tiendas ya habían cerrado y en los bares sólo aguantaban los borrachos de turno. Disminuyó la velocidad al doblar la esquina para poder leer el letrero que anunciaba la calle del Payaso Fofó y entonces la vio a unos cincuenta metros. Llevaba una gorra calada hasta las cejas, una bufanda negra le tapaba hasta la nariz. Se protegía como podía de la lluvia buscando el lugar más azocado en aquella marquesina. Era pequeña y delgada, débil e indefensa.

-Buenas noches. Disculpa, ¿sabes cómo llegar al centro? No soy de la zona.

Se agachó un poco para ver la cara del que le preguntaba con cuidado de no quedar fuera del cobijo. Él encendió la luz y acercó su cara a la ventanilla. Sonrió.

-Lo mejor será que llegues a la Avenida de Entrevías. Si sigues recto esta calle llegarás a Asamblea de Madrid, coge la segunda salida a la derecha y sigue hasta que encuentres la confluencia de varias calles, ahí está la conexión con Entrevías, de ahí llegas a Atocha.

Miró hacia adelante y empezó a dibujar con las manos varias líneas. -Entonces sigo recto, glorieta Asamblea, primera a la derecha…

-Segunda a la derecha…

-De acuerdo, segunda a la derecha y todo recto hasta confluencia de varias calles y Avenida de Entrevías. OK, gracias.

Siguió de frente y torció la segunda a la derecha, se apartó, paró el coche y esperó cinco minutos. Volvió a encender el motor y volvió a la parada. Allí seguía, aún más calada por el frío. Encendió la luz, abrió la ventanilla y disculpó su torpeza para orientarse.

-¿Podrías repetirme? -le dijo.

Ella respondió a su simpatía y comenzó a explicarle otra vez.

-¿Va a tardar mucho en llegar tu autobús? -interrumpió.

-Eh…no creo, a lo mejor cinco minutos más.

-Lo digo porque, a cambio de que me enseñes la ruta para llegar a donde necesito, te puedo dejar donde me digas, si queda de paso, claro.

Dudó.

-Sigue las instrucciones que te di y si te pierdes pregunta más adelante. Mi autobús está a punto de llegar y no quiero molestarte- contestó.

-No es molestia, es que me despierta el instinto protector verte ahí desprotegida con este frío y este aguacero. Pensé que sería una solución ventajosa para los dos, pero entiendo que no te fíes del primer loco que se para a preguntarte una dirección. Haces bien en ser desconfiada, el mundo no está como para ser de otra manera, ¿no?

-Bueno la verdad es que no me causas desconfianza. Me estoy calando de frío y en realidad mi parada está en el camino que tienes que seguir…

Avanzó hacia la puerta y se metió en el coche.

-Muchas gracias. Me llamo Ángel.

-Yo, Isabel.