Capítulo 2. Negro.

5 Abr

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Verónica empezó a desabrocharle la camisa mientras le sonreía y advertía de lo bien que lo iban a pasar juntos. Le preguntó que si quería algo especial, pero él no contestó.

Vio las nalgas de Verónica en el espejo, redondas, pequeñas, firmes, suaves. Se decidió a meter sus manos por debajo de la tela transparente. Las apretó e imaginó las fibras que componían aquellos glúteos, la grasa, las venas. Imaginó cómo las despellajaba y sintió cómo empezaba su erección. Buscó su imagen en el espejo. Se miró a los ojos y sonrió.

Ella sintió alivio cuando comprobó que su polla no olía a amoniaco como la inmensa mayoría de los hombres que pasaban por aquel cuarto. No vio la necesidad de pedirle que se metieran en la ducha porque el chico venía limpio y perfumado. Se dijo que éste sería el trabajo más fácil y más placentero del día.

-¿Cómo te llamas? -le preguntó.

Rara era la vez que le interesaba el nombre de sus clientes a los que solía dirigirse con distintos apelativos dependiendo de su ímpetu, pero en esta ocasión tenía ganas de pronunciar un nombre de verdad cuando se hallase entre gemidos.

El silencio fue la respuesta.

Siguió repartiendo besos y lametazos por el pecho lampiño y fibroso. Pasó la mano por su bragueta comprobando su empalme. Desabrochó el cinturón y los botones de los vaqueros. Metió la mano dentro de sus calzoncillos notando el calor que desprendía. Se humedeció la mano y empezó a masturbarle. Le chupó el cuello antes de ponerse de rodillas. Miró hacia arriba y lo vio. La mirada fija en el espejo y una fría sonrisa paralizada en el rostro. Sintió un escalofrío que trató de cortar hablando.

-¿Prefieres que te la chupe tumbado?

Silencio.

-¡Qué calladito eres¡ ¿Has estado antes con una mujer, verdad?

La miró. Allí de rodillas parecía más vulnerable de lo que era. Sintió un deseo incontenible de golpearla pero se dijo que aún no era el momento.

-No. Nunca antes había estado con una mujer a la que voy a matar.

Los ojos de Verónica, llenos de pánico, se clavaron en los suyos fríos como el hielo. No le dio tiempo a ver cómo sacaba el brazo de detrás de su espalda para golpearla con un objeto que no alcanzó a ver. De repente todo se volvió negro.

Continuará

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2 comentarios to “Capítulo 2. Negro.”

  1. Nayrobi 7 abril, 2011 a 7:41 #

    manejas muy bien la tensión, aparte de la entrega por partes, jeje… así que me tienes de los nervios esperando! Abrazo y ende que haga hueco en su agenda…

    • yaizalvarez 8 abril, 2011 a 17:26 #

      Gracias, Nayrobi. Espero poder continuar pronto la historia ahora que creo que se acerca un día despejado.
      Un beso fuerte.

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