Diario de un viaje a París

19 Mar

Desayuno en París

 

El pasado verano pasé mis vacaciones en París.  Descubrí una ciudad increíble que me dejó llena de sensaciones y entonces entendí por qué mis voces interiores me decían que tenía que venir a esta ciudad.

Aquí les dejó parte de las ocurrencias de este viaje.

Espero que lo disfruten.

 

 

 

19-8-2010. A cada paso que doy me gusta más París, sus buhardillas, sus amplias calles llenas de árboles, de rincones, de colores, de aromas.

París huele a cruasán recién hecho, y a pollo asado, a crepe caliente con azúcar y limón y también huele a flores.

Los franceses son muy amables, especialmente ellos. Son tranquilos en el caminar, rápidos en la conducción, ordenados en el metro y apasionados en las discusiones. Con sentido del humor y no parecen racistas. Nunca he visto una mezcla de tantas culturas integrada. El año pasado en Nueva York había negros y blancos americanos, chinos, japoneses, hispanos, pero todos estaban agrupados según su etnia. Aquí se ve a parejas de todos los colores, negros y chinos, árabes franceses e indios (de la India),  blancos y negros, y nada desencaja.

Lo peor es que todavía no he tenido un almuerzo en condiciones. Espero romper hoy la racha.

18.20 horas. Al final he encontrado un lugar donde almorzar-cenar. Después del pobre desayuno en el hotel apenas he comido un cruasán, un café con leche y unos pocos pistachos desde las 8 de la mañana.

Conocer París sigue alimentando ese gusanillo de irme a trabajar fuera de Gran Canaria, de conocer algo diferente, algo más amplio, con más posibilidades, con más posibilidades en todos los sentidos.

No sé si me estoy comportando como una Peter Pan en este momento. Quizá debería estar pensando en el procedimiento para poner mi casa a mi nombre y anclar el barco de mi vida a la seguridad de un hogar y la estabilidad laboral. Pero, ¿acaso hay algo seguro en esta vida? Sí, que algún día que desconocemos estaremos muertos.

Qué gran regalo nos ha hecho el o la Creadora al no dejarnos conocer nuestra fecha de caducidad. Qué pena que seamos tan necios, tan cobardes y tan desagradecidos que pasamos la mayor parte de nuestra vida tratando de asegurarnos, de tener nuestro trabajo, nuestra pareja, casa, hijos, coches, posesiones, posesiones, posesiones, sin pensar en qué nos hace sentir felices en cada cosa que hacemos o tenemos.

Éste es el tercer día en París. Ya he hecho dos locuras. Es cierto que hasta cierto punto me he sentido en peligro, pero ¡qué diablos! ¡Me han hecho sentir viva!

Termina mi almuerzo-cena del que he dado buena cuenta. Sé que la factura va a ser algo elevada. El gusto que me he dado, bien lo ha merecido.

 

Nota: Café Le Doucet. Rue de Vangard esquina con Rue Jean Bart.

1º Foie de pato con tostadas.

2º Steaktartar (carne cruda) con ensalada y papas fritas.

Una copa de vino tinto y agua.

El postre me lo tomé en el barrio latino: un crepe con nutella que me supo a gloria y me dejó el hocico lleno de chocolate.

Absolutamente recomendable.

 

 

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4 comentarios to “Diario de un viaje a París”

  1. Nayrobi 20 marzo, 2011 a 6:46 #

    Sí, París es apabullante de tan bello. Yo me sentí más de una vez realmente diminuta, a la vez que paralizada, sin saber hacia dónde dar un solo paso; por ejemplo, cuando salí del metro Pirámides, y me vi ante los jardines de las Tuderías, con el Obelisco allá, y una vista impresionante de la Torre, y el Louvre… uf! Aunque me quede con los puentes y el paseo a pies del Sena, y perderme por los barrios, el judio, Montmartre, el Latino…
    Pero además tuve la suerte de encontrarme allí con amigos sudamericanos, colombianos y chilenos, recién llegados unos y otros con casi una década de vida parisina, y me contaron de las tensiones que hay detrás del hermoso cartel a lo Toulouse-Lautrec: piñas entre jóvenes de distintos grupos en las guaguas casi diarias, abuso con los precios de los alquileres a los inmigrantes… y de algo sí que me di cuenta yo misma: en el metro, los únicos niños que reían, y hasta gritaban, era los hijos de negros, de árabes, de “sudacas”; los “franceses” parecían muñequitos tan de lindos, pero sin duda estaban más tristes.
    Lo que suscribo contigo es recomendar esa ciudad única; y me alegra y apoyo ese descubrimiento-determinación personal de querer salir fuera a ganarte el pan, a vivir…
    No creo que para nada sea una postura a lo Peter Pan, él va a un mundo maravilloso que no existe y no quiere crecer; tú quieres salir al mundo, para lo contrario. Eres más bien una Penélope que le dice a Ulises, mira, niño, que yo también me subo al barco pa´trabajar, conocer otros lugares, y buscarme a mí misma… porque se hace camino al andar, no?
    Besis, y gracias siempre, N

    • yaizalvarez 21 marzo, 2011 a 22:32 #

      Desde luego mis impresiones no tienen nada que ver con lo que te cuentan tus amigos, una versión que coincide más con esas revueltas de jóvenes inmigrantes que tuvieron lugar en París no hace mucho tiempo, y que justifica el avance de la derecha en ese país. Espero poder contarte algún día otra versión, la que tenga cuando esté viviendo allí y ya no sea el París turístico el que vea. Aunque lo que realmente quiero es decirte que tus amigos se equivocan, que todos viven en armonía y respeto, que nadie sobra y que todos se sienten hijos de la misma patria que es este mundo.
      Un abrazo fuerte.

  2. Rita 20 marzo, 2011 a 19:26 #

    OHHHH! Paris mi ciudad preferida, cada vez que voy es como si nunca hubiese estado allí, descubro sitios nuevos o los mismos sitios pero con una luz diferente,en cuanto a lo de ser un poco Peter Pan no le veo ninguna contraindicación ya habrá tiempo de echar raices, un poco de polvo…..de hadas no viene mal de vez en cuando, muchos bs Yaiza y sigue escribiendo por favor me encanta leerte.

    • yaizalvarez 21 marzo, 2011 a 22:34 #

      Gracias, Rita. Espero que el polvo…de hadas me funcione. Gracias por leerme. Un beso, guapa.

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