Zas! En toda la cara!

6 Mar

Seguro que estás pasando o has pasado alguna vez por un momento en tu vida en el que parece que se desmorona todo lo que está dentro de tu mundo. Es como si una línea que ha sido más o menos recta de repente empezase a garabatear, a dibujar cordilleras, bucles, océanos en tempestad. Ahora tienes ganas de hacer cosas, de estar con tus amigos, de compartir, de visitar a tu madre a la que hace tres meses que no ves, de quedar con ese chico que lleva semanas pidiéndote una cita para un simple café. Pero justo en el momento en que te vas a arrancar a hacerlo algo te echa para atrás, te encomienda a quedarte en casa sola, pasando el día delante de la tele o del ordenador, pensando en las mismas ideas que te desesperan, haciéndote creer que así estás mejor, que así no tienes que aguantar las miradas de los otros, de los que deslizan su ojos por encima de tu abrigo viendo sólo volúmenes, bultos, curvas exageradas…Te hacen un chequeo, aprobando o despreciando tu ropa, tu pelo, tus uñas, tus zapatos…y se atreven a hacer un juicio sólo teniendo en cuenta estos factores, sin preguntar nada más que esa cuestión de exclusivo rigor educacional. No le importa cómo estés realmente, no quieren escuchar lo que les vas a contestar, porque ellos ya saben por tus pantalones de la talla 44, y tu blusa ancha, y tus zapatos planos que no combinan con nada, cómo te encuentras: HORRIBLE.
Son de esa clase de gente que acarician el terciopelo y aprecian su suavidad pero son incapaces de admirar la maravilla que lo compone. Sus ojos son acuáticos, se esparraman sobre ti pero son incapaces de penetrar, de mirar dentro.
A veces, cuando te cruzas con uno de ellos por la calle, vas de entrada poniendo excusas, te atacas a ti misma antes de que te ataquen.
Hola, Fulnita.
Mujer cuanto tiempo! ¿Cómo estás?
Pues mira amargada porque he subido kilos y no encuentro ropa que me sirva.
Sí la verdad es que se te ve deteriorada y te has puesto fondona, sí. Pero Meri, lo mejor para adelgazar es cerrar la boca.
Cierra la boca tú, cabrona! Es lo que te dan ganas de chillarle en todo el zoco de la oreja. Pero como te han educado tan bien, sonríes y le das la razón esperando no tener que verla en mucho tiempo.
Sigues tu camino llena de rabia porque te hubiese gustado tener el valor para mandarla a la mierda y porque eres consciente de que tú le diste pie a que te tratara de esa manera al decir antes que nada que has subido peso.
A lo mejor la situación sería distinta si en vez de responder al Cómo estás con un amargada porque he cogido kilos, le dijeras: de puta madre, me siento muy feliz, el trabajo me va genial y estoy follando como una descosía.
Entonces seguro que se le hubiera puesto la cara verde de envidia y después de decirte falsamente que se alegra por ti te soltaría eso de: pero has subido kilos ¿no? Y tú le responderías: SON KILOS DE FELICIDAD, MERI.
Zás! En toda la cara!.

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