Patas arriba

6 Mar

Hace más de dieciseis meses que decidí dar el paso hacia la soltería voluntaria. Teniendo una pareja estable, un bombón de tío -todo hay que decirlo-, decido romper una relación de casi tres años porque mi mente llevaba esos mismos tres años pidiéndome una temporada de barbecho.
El problema no era él. Era un hombre estupendo, guapo, fiel, atento, detallista, con una facilidad para hacerme reír pasmosa. Por supuesto que también tení a sus defectos y desde luego que no era la relación perfecta -¿eso existe?- si no, no habría terminado.
El problema estaba en mi. Habí a pasado los últimos diez años de mi vida con pareja. Ya necesitabe volar sola, probar qué tal me iría siendo independiente, ya lo era en lo económico, en mi forma de vivir, pero me faltaba el lado emocional. Querí a probarme a mi misma que yo podía ser igual o más feliz aún sin tener una relación estable que no fuese conmigo misma. Y más o menos lo he conseguido.
Sin embargo estos meses han sido muy raros. No sé por qué, a la vez que le dije adiós al novio despedí también a mi líbido, a mi coquetería, a sentir atracción por alguien del género masculino, y del femenino también…
Pero el destino es caprichoso y como siempre nos tiene una sorpresa reservada para cuando menos nos lo esparamos. Yo que creía que sólo podrí a encontrar a alguien que encajar conmigo fuera de las fronteras de agua de este Archipiélago, de repente me encuentro a alguien que me hace sentir como si tuviera quince años otra vez.
No es un hombre de pelí cula pero me resulta el tipo más atractivo que he conocido en los últimos años de mi vida. Apenas pasé cinco horas de mi vida con él y cuando me fui a dormir lo eché de menos en mi cama, abrazarle, despertar a su lado. ¿Puede ser? ¿Se puede añorar algo que no se ha vivido? Creo que no.
Quizás Eduardo Punset tenga una explicación quí mico-biológica para estas maripositas que siento en el estómago en cuanto escucho su nombre. A mi al principio me fastidiaba que alguien que no conozco apenas me venga a virar todos los muebles de mi cabeza patas arriba, pero chica qué quieres que te diga, hacía meses que no me sentí a tan ilusionada, tan viva.

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2 comentarios to “Patas arriba”

  1. uno que te lee 9 marzo, 2011 a 21:44 #

    Seguro que él siente las mismas mariposas.

    • yaizalvarez 9 marzo, 2011 a 22:27 #

      Vaya, vaya. Parece que ya tengo mi primer lector secreto. Qué emocionante es esto! Pues no sé si las siente o no, habrá que comprobarlo…

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