Archivo | julio, 2008

El placer de decir no

16 Jul
Es curioso que cuando aprendemos a hacer algo nuevo que nos produce bienestar o placer (no sean mal pensados) nos volvemos un poco viciosillos de ese feedback hasta que se normaliza. A mi me pasa con el hecho de haber aprendido a decir NO. Reconozco que hasta hace algunos años era una persona desastrosa en este sentido, me era imposible decir que no a nada y a nadie, que hacía falta echar una mano para organizar un tinglado y me pedían ayuda, ahí iba yo de ayudante, que me encontraba por la calle con alguien que te pedía dinero después de contarte sus batallas sobre su adicción a las drogas, la pérdida de sus hijos y su pareja y la imposibilidad de encontrar un trabajo, ahí iba yo a ponerle 20 duros en la mano para que comiera (porque pide para comer y no para drogarse), que la vendedora de turno en el centro comercial me pedía los datos para hacerme una tarjeta en la que me han ofrecido mil créditos para que consuma y consuma a un interesante interés (valga la redundancia), ahí estaba Yaiza dándole los datos de la cuenta y dejándole hacer una fotocopia de mi DNI…y todo porque no sabía decir NO QUIERO, NO ME INTERESA, NO TENGO DINERO O NO ME DA LA GANA DEJÁRTELO. Era una sensación angustiosa cuando quería decir no, me sentía mal porque tenía la sensación de que iba a decepcionar a alguien, tenía la impresión de que no iba ayudar aunque en realidad quería negarme. Sin embargo el sentimiento posterior a firmar la solicitud de la tarjeta, a perder 20 duros o a meterme en berenjenales que me quitaban tiempo de muchas cosas, era todavía peor. Inmediatamente después de poner las 100 pesetas en las manos del don o la doña que me contaba su vida de miserias y penurias, me enfadaba conmigo y me decía de lo último porque sabía que tenía que haber dicho no. Y me sentía estúpida e incapaz de actuar conforme a lo que en realidad mi mente me decía.
Cuesta mucho aprender a decir no después de estar muchos años siendo complaciente con todo el mundo. La gente empieza a extrañarse porque notan cambios (lógico) y ya no eres la que siempre está dispuesta a hacer todo lo que te pidan. En un principio piensan que es que tienes la regla y que ya se te pasará, pero cuando empiezan a ver que vas en serio…Creo que cuando empiezan a ver que vas en serio comienzan a tenerte más respeto, porque cuando eres tú el que antepones tus necesidades a las de los demás te respetas a ti mismo, tu tiempo, tus proyectos, tus relaciones afectivas y hasta tu descanso. Sé que algunas personas pueden interpretar esto como puro egoísmo, e incluso egocentrismo. Me remito a las palabras de Jesús (sí, el de Nazaret), en el que creo en su estado más primitivo (quiero decir en como lo retrata el Nuevo Testamento y no en lo que ha construido la iglesia con el paso de los siglos) "Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo". ¿No creen que no hay nada más maravilloso que esto? ¿Cómo vas a tratar (amar) a los demás con respeto, con cariño, con paciencia, con comprensión, con compasión, con interés…si piensas de ti mismo que no vales nada, que eres una mierda, que cualquier cosa que haces la haces mal, que te mereces lo malo que te pasa, que nunca llegarás a nada, que no mereces ser perdonado, ni respetado, que tus problemas no le importan a nadie, que no hay nadie que te pueda querer…?
Decir NO, como iba contando, es un ejercicio de libertad y la libertad produce en el ser humano una sensación muy, muy agradable, tan agradable que a veces provoca vértigo, y que es adictiva. Todavía sufro esta adicción que a veces incluso me hace tener cierto comportamiento malévolo. Verán, ayer recibí una carta en la que los servicios financieros de una multinacional de hipermercados me hacía llegar mi nueva tarjeta de crédito, me pedían que llamara a un número de teléfono para garantizar que llegaba correctamente y llamé, será que soy muy inocente pero en ningún momento esperé que la teleoperadora me fuera a ofrecer un maravilloso seguro para todas mis tarjetas Visa y las de cinco personas que yo eligiera por el módico precio de 49 euros al año, con un montón de servicios adicionales que no paso a relatar porque no me acuerdo. Cuando termina de soltarme toda la retahíla (no te dejan decir ni mú mientras te largan el discurso), me dice: ¿Le doy de alta al seguro, verdad? Flipando me quedé, ¿cómo que le da de alta al seguro, pero tú de que vas? Por supuesto que no le dije eso, simplemente me limité a decir: no me interesa, gracias. Sin dar más explicación. Volvió a intentarlo diciéndome que no sólo me cubría mis tarjetas sino las de cinco personas más…Lo he entendido perfectamente. No, gracias. No sé si fue el tono de la voz, porque he de confesar que la primera vez que rechacé el seguro me dio un gustazo impresionante así que me regodeé en la segunda. Por supuesto, me dio las gracias por mi llamada con el tono más amistoso que pudo y me colgó sin más. Me sentía como una reina cuando terminó la conversación, capaz de decir lo que quiero y de rechazar lo que no me gusta o no me convence, dueña de mi vida, en definitiva. Qué estupidez, ¿verdad? Para los que han sabido decir NO desde siempre, lo es. Para otros que estén o hayan estado en mi lugar comprenderán que este cosa tan pequeña es la conquista de todo un mundo.
 
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9 Jul

 

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