Recoger la cosecha (otra historia de guagua)

7 Abr
Hay días en los que nos pasa algo pequeño o grande que nos hace sentir inmensamente afortunados.En mi caso suelen ser pequeñas cosas las que reportan grandes sentimientos  de felicidad, hoy me ha pasado una mediana, ni es pequeña porque la consecuencia hubiese sido importante, ni es grande porque a fin de cuentas es algo material. En el rato del trayecto en el salcai, aprovecho para despejarme un poco del trabajo, para leer, para escuchar música, para hacer algunas llamadas a los seres queridos…hoy fue ese el caso. Saqué el móvil para saber qué tal está mi amiga Pino y después de una conversación corta pero agradable metí el teléfono en el bolso y seguí el camino medio dormida. No sé si me estoy volviendo loca, si será el estrés o es que soy demasiado despistada, el caso es que al llegar a casa el móvil no estaba ni el bolso, ni en los bolsillos de la chaqueta, ni en el pantalón, ni en ningún lugar de la casa. Llamé y llamé y después de cinco tonos me saltaba el contestador, lo que quería decir que estaba operativo. Busqué el teléfono de objetos perdidos de Salcai y denuncié la pérdida con muy pocas esperanzas de volverlo a encontrar y queriendo creer que estaba en alguna parte de la casa en la que no había buscado.
Me fui al gimnasio porque a fin de cuentas si estaba perdido ¿qué iba a sacar quedándome sin sudar como una cerda y producir endorfinas? Y después del gimnasio no vine corriendo a mirar si me habían llamado para decirme que no estaba, no. Me fui al Carrefour a comprar fruta variada.
Al llegar a casa veo una llamada en el teléfono fijo y otra en el móvil personal eran del móvil perdido. "Bien, eso significa que quien lo tiene se ha intentado poner en contacto conmigo", pensé. Así que volví a llamar y me contestaron, era una mujer que viajaba en el salcai y me decía, del parte del chófer, que a una hora de esta noche me devuelve el móvil que se me quedó en la guagua. Menuda suerte he tenido, de ahí el título de esta entrada. El teléfono que dejé olvidado es el de mi trabajo, que se paga con dinero público, no me imagino cuál hubiese sido la consecuencia de perderlo, pero me hubiese supuesto un buen bochorno. Sin embargo creo que el haberlo recuperado es la recompensa a todas las veces que he actuado honradamente y cuando me han devuelto de más le he dicho al camarero o al dependiente de turno: disculpe, se ha equivocado, esto es suyo. O la vez que le rocé el coche a una chica saliendo del aparcamiento y le dejé una nota con mi número de teléfono para que me llamara y poder darle elseguro. Siento que me han recompensado todas las veces que me he levantado en la guagua para cederle el puesto a otra persona, o las que he salido corriendo detrás de alguien que se ha dejado algún producto pagado sobre la caja del supermercado…y tantas y tantas acciones en las que en vez de optar por el camino fácil o el del beneficio propio, una se pone en el pellejo del otro y piensa: a mi no me gustaría que me lo hicieran.
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Una respuesta to “Recoger la cosecha (otra historia de guagua)”

  1. Alejandro 13 mayo, 2008 a 13:45 #

    Yo también pienso a veces que existe una especie de justicia o reparación divina, una balanza que espera equilibrada para recompensarnos en momentos de apuro, si en ocasiones anteriores hemos actuado de buena fe, desechando el camino fácil o el beneficio propio, como es tu caso con la pérdida del móvil. La verdad es que la vida nos da tantos motivos para creer en la existencia de esta justicia cósmica como para descreer de ella, pero prefiero pensar que las buenas acciones tienen su recompensa, aunque uno no hace el bien guiado por el quid pro quo.  Siempre es mejor pensar que el tapiz de la vida esconde un gran dibujo que nos incluye y que algún día quizá entenderemos, pensar que las cosas suceden según un patrón es más agradable que fiarlo todo al caos.
    Te mando un párrafo, que descubrí ayer, de mi admirado Ramón Gómez de la Serna, sobre la soledad del creador, su aparente desconexión del mundo que en verdad esconde unos vínculos mucho más profundos. Reconozco que la imagen es macabra, y ni tu ni yo somos artistas, pero me parece una idea bien bonita y válida para describir justo lo contrario de lo que hablábamos antes, cuando uno lo da todo pero sabe que no podrá participar de la fiesta común. Bss.
     
    "El escritor … un mártir que ofrece a los demás la embriaguez de sus invenciones, pero que cuando busca la copa para beber él también, no la encuentra, porque la copa que ofreció a los demás era su propio cráneo".

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