Archivo | abril, 2008

Recoger la cosecha (otra historia de guagua)

7 Abr
Hay días en los que nos pasa algo pequeño o grande que nos hace sentir inmensamente afortunados.En mi caso suelen ser pequeñas cosas las que reportan grandes sentimientos  de felicidad, hoy me ha pasado una mediana, ni es pequeña porque la consecuencia hubiese sido importante, ni es grande porque a fin de cuentas es algo material. En el rato del trayecto en el salcai, aprovecho para despejarme un poco del trabajo, para leer, para escuchar música, para hacer algunas llamadas a los seres queridos…hoy fue ese el caso. Saqué el móvil para saber qué tal está mi amiga Pino y después de una conversación corta pero agradable metí el teléfono en el bolso y seguí el camino medio dormida. No sé si me estoy volviendo loca, si será el estrés o es que soy demasiado despistada, el caso es que al llegar a casa el móvil no estaba ni el bolso, ni en los bolsillos de la chaqueta, ni en el pantalón, ni en ningún lugar de la casa. Llamé y llamé y después de cinco tonos me saltaba el contestador, lo que quería decir que estaba operativo. Busqué el teléfono de objetos perdidos de Salcai y denuncié la pérdida con muy pocas esperanzas de volverlo a encontrar y queriendo creer que estaba en alguna parte de la casa en la que no había buscado.
Me fui al gimnasio porque a fin de cuentas si estaba perdido ¿qué iba a sacar quedándome sin sudar como una cerda y producir endorfinas? Y después del gimnasio no vine corriendo a mirar si me habían llamado para decirme que no estaba, no. Me fui al Carrefour a comprar fruta variada.
Al llegar a casa veo una llamada en el teléfono fijo y otra en el móvil personal eran del móvil perdido. "Bien, eso significa que quien lo tiene se ha intentado poner en contacto conmigo", pensé. Así que volví a llamar y me contestaron, era una mujer que viajaba en el salcai y me decía, del parte del chófer, que a una hora de esta noche me devuelve el móvil que se me quedó en la guagua. Menuda suerte he tenido, de ahí el título de esta entrada. El teléfono que dejé olvidado es el de mi trabajo, que se paga con dinero público, no me imagino cuál hubiese sido la consecuencia de perderlo, pero me hubiese supuesto un buen bochorno. Sin embargo creo que el haberlo recuperado es la recompensa a todas las veces que he actuado honradamente y cuando me han devuelto de más le he dicho al camarero o al dependiente de turno: disculpe, se ha equivocado, esto es suyo. O la vez que le rocé el coche a una chica saliendo del aparcamiento y le dejé una nota con mi número de teléfono para que me llamara y poder darle elseguro. Siento que me han recompensado todas las veces que me he levantado en la guagua para cederle el puesto a otra persona, o las que he salido corriendo detrás de alguien que se ha dejado algún producto pagado sobre la caja del supermercado…y tantas y tantas acciones en las que en vez de optar por el camino fácil o el del beneficio propio, una se pone en el pellejo del otro y piensa: a mi no me gustaría que me lo hicieran.
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Historias de la guagua

4 Abr
Esto de ser usuaria del transporte público tiene mucha emoción para una enteradilla como yo. Suceden cosas que a veces te hacen sonreír, que te ponen tensa o que simplemente te entristecen porque te hacen darte cuenta de la realidad de algunas personas que no son tan afortunadas.
En la última semana han pasado dos sucesos con dos mujeres que no querían pagar el billete, mejor voy a decir que no podían pagarlo pero no quisieron reconocerlo. Aún así la actitud de estas dos mujeres dista mucho la una de la otra. La primera era una señora entradita ya en años pero moderna. Pelo teñido de rojo, falda de estilo hippie amarilla a juego con unas zandalias del mismo color y una camiseta de tirantes (no apropiada para su edad) de color verde. Se subió en la parada de los hospitales, intentó meter una tarjeta monedero en la máquina a la que ya no le quedaba ni un cétimo, así se lo hizo saber el chófer que la invitó a que pagara en efectivo, ella dijo que no tenía dinero. "Pues señora, si no tiene dinero yo no la puedo llevar. Baje, por favor". En un tono impertinente y desafiante la señora le dijo que ella no se bajaba de la guagua, y no sólo no se bajó sino que empezó a caminar por el pasillo dispuesta a buscar un asiento. Como se pueden imaginar la bronca fue grande. Ella alegaba que el chófer era un insensible puesto que era una mujer ciega, aunque entró en la guagua sin bastón ni perro lazarillo y encontró el asiento sin ir a tientas. "Ciega no, usted lo que es es una caradura". "Y usted un malcriado y su familia", contestó la mujer. Mal asunto cuando empieza a meterse por medio a los seres queridos de las personas en conflicto. "Yo ya la tengo catada y le advierto una cosa en mi guagua no se sube más". En esto un muchacho que estaba al final se levantó y pagó el dinero del billete de la doña que quería llegar a El Tablero. Pero ésta, empeñada como estaba en ganarle la batalla dialéctica al chófer ni le dio las gracias al muchacho y siguió con sus majaderías hasta llegar a soltar un: usted es un hijo de puta, que menos mal que no escuchó el guagüero porque si no estoy segura de que el belén se armaba del todo.
Sin embargo lo que ocurrió hoy fue distinto. Una jovencita, que no tendría todavía la mayoría de edad, se sube en la parada del barrio de San Cristóbal, mete la tarjeta dinero a la que tampoco le quedaba ni un céntimo, tras una breve charla con el chófer paga un billete hasta no sé donde y se sienta. Al llegar al Cruce de Melenara, el chófer se levanta va hasta ella y le dice que sin billete no puede viajar y que ella había pagado hasta allí, la muchacha no dice ni mú, se baja y se sienta en la parada sin levantar la cabeza. Allí se quedó supongo que esperando a la siguiente guagua y pensando de qué manera poder llegar a su destino. Ella no tuvo tanta suerte, nadie le pagó el viaje, lamento no haber sido lo suficientemente rápida como para decirle al conductor que yo lo pagaba. Estaba claro que no tenía dinero para comprar su billete y me pregunto qué era tan importante como para pasar tanta vergüenza. ¿No sería mejor reconocer desde el principio que no se tiene dinero y apelar a la solidaridad del chófer o de alguno de los viajeros? ¿Tú que opinas?