Archivo | marzo, 2008

Mejor en guagua, sí

19 Mar
Hace algunos meses que tomé la decisión de dejar mi coche en casa e ir todos los días al trabajo en guagua. He de reconocer que al principio me costó un poco, se hacía algo pesado, pero después de unos meses tengo comprobado que las ventajas de ir en guagua superan en mucho a las del coche y de hecho la costumbre de ir en salcai ya es tal que hoy me olvidé de traer el coche. Les cuento, anoche me quedé en Las Palmas de Gran Canaria, capital. Como la hora a la que subí era muy tarde, preferí hacerlo en mi coche. Lo dejé aparcado cerca de mi trabajo para no tener que caminar tanto al salir hoy. Y allí sigue aparcado porque nada más salir del curro me fui directa a la estación de guagua, esperé unos diez minutos a que llegara la 44 y cuando fui a abrir la puerta de mi casa, vi que tenía en el bolso las llaves del coche, que estará tan tranquilo esperando por mi. ¿Costumbre o es el estrés que me tiene la cabeza más para allá que para acá? Yo diria que mitad y mitad.
Pero bueno, ese no era el fin de este relato. Lo que quería contarles es mi experiencia de ir a trabajar en guagua, a lo mejor a alguno de ustedes les convence y empiezan a hacer lo mismo.
Tengo un coche que tiene 12 años, es un 1800 cc, resumiemdo, que chupa bastante, como unos 30€ de gasolina para una semana de trabajo (de lunes a viernes), y aquí está la primera ventaja de ir en guagua, el bono para una semana me cuesta 26€. Cada 5.000 kilómetros tengo que hacerle un cambio de aceite al coche que me cuesta unos 32€, cada día son 70 kilómetros para ir al trabajo, 350 a la semana, 1400 al mes y un cambio de aceite cada tres meses. Para encontrar un aparcamiento relativamente cercano en la capital tienes que llegar entre las 7 y las 7.30 como muy tarde , lo que supone tener que levantarse más temprano. Si no quieres volverte loca buscando aparcamiento tienes que pagar entre los 70 y los 100 euros que cuesta una plaza de aparcamiento en los tres garages más cercanos. Subo yo sola en el coche, con lo cual contamino mucho más. En el coche no puedo coger el móvil porque no tengo bluetooth, no puedo leer, no puedo repasar las lecciones de inglés y tampoco puedo dormir. Pero una de las razones más importantes es que conducir me pone histérica, hace unas semanas tuve que ir en mi coche a trabajar y el primer gesto que tuve con otro conductor y con el primer ser humano con el que me encontraba ese día fue un corte de manga. En definitiva, el transporte público tiene muchas ventajas, aunque es mejorable su funcionamiento (todavía Vecindario no tiene una guagua directa a Las Palmas de GC) y en estos días de calor que recuerdan tanto el cambio climático, por lo menos a mi me gusta pensar que estoy aportando mi pequeño granito de arena a frenarlo, ¿se animan?

Cuando el hastío se apropia de uno

17 Mar
En estas fechas ando un poco…, bueno…muy hastiada. He comprendido que estoy cansada de mi trabajo, que me apetece hacer otra cosa. No sabría explicar qué es lo que me tiene tan insatisfecha, sólo sé que muchas de las mañanas que llego a mi trabajo sólo pienso en estar fuera de allí, haciendo auténtico periodismo o cualquier otra cosa. Una persona a la que le comentaba esta idea ayer me contestaba que hay mucha gente que cobra mucho menos que yo trabajando bastantes más horas, no me sentí comprendida en absoluto. No desprecio mi sueldo, no desprecio mi trabajo y la oportunidad que me han dado, pero mucho menos desprecio mi vida, mi bienestar y mi tiempo. Quedarme en esta situación es como estar casada con alguien que te mantiene y al que aguantas por esa única razón aunque te ponga los cuernos o no lo quieras. Y también me niego a pensar que nunca encontraré un trabajo tan bueno como éste o que no puedo aspirar a más.
Pido disculpas a los que lean esto porque va a ser un texto sin orden, sin principio y sin fin, alborotado de ideas desordenadas. Aunque lo único que quiero decir es que una de las cosas que he aprendido en esta vida es que cuando una situación no nos hace felices hay que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para cambiarla. Reflexionándo primero para saber dónde están las causas, dónde las responsabilidades, si es modificable a corto, medio o largo plazo, si sólo cambiando algunas cosas puede mejorar el cómo me siento en esa situación o si hay que cortar de raíz. Actuando con honestidad y con responsabilidad, asumiendo las consecuencias del cambio cuando no son tan buenas como las imaginamos. Pero sobre todo no renunciando nunca a ser mejores personas y más felices y mucho menos a renunciar por miedo.